martes, 17 de mayo de 2016

La pequeña alma y el sol - Una parábola acerca del perdón


Almas
“Puedes elegir ser cualquier parte de Dios que desees ser”, le dije a la Pequeña Alma. “Eres Divinidad Absoluta, experimentándose a sí misma. ¿Qué Aspecto de la Divinidad deseas experimentar ahora como Tú?”

“¿Quieres decir que tengo una alternativa?”, pregunto la Pequeña Alma.

Yo respondí: “Sí. Puedes elegir experimentar cualquier Aspecto de Divinidad en, como y a través de ti”.

“De acuerdo”, dijo la Pequeña Alma, “entonces, elijo el Perdón. Deseo experimentar a mi Yo como ese Aspecto de Dios llamado Perdón Total”.

Esto creó un pequeño desafío, como podrás imaginar.
No había nadie a quien perdonar. Todo lo que Yo he creado es Perfección y Amor.
“¿Nadie a quién perdonar?”, preguntó la Pequeña Alma, con cierta incredulidad.

“Nadie”, repetí. “Mira a tu alrededor. ¿Ves algún alma menos perfecta, menos maravillosa que tú?”

La Pequeña Alma giró a su alrededor y se sorprendió al verse rodeada por todas las almas en el cielo. Habían llegado desde lejos, de todos los confines del Reino, porque escucharon que la Pequeña Alma sostenía una extraordinaria conversación con Dios.

“¡No veo a nadie menos perfecto que yo!”, exclamó la Pequeña Alma.

“¿A quién tendré que perdonar entonces?”

En ese momento, otra alma se acercó de entre la multitud. “Puedes perdonarme a mí”, dijo esta Alma Amistosa.

“¿Por qué?”, preguntó la Pequeña Alma. “Llegaré en tu próxima vida física y te haré algo, para que perdones”, respondió el Alma Amistosa.

“Pero, ¿Qué? ¿Cómo podrías tú, un ser de tan Perfecta Luz, hacer que desee perdonarte?”, quiso saber la Pequeña Alma.

“Oh”, sonrió el Alma Amistosa, “estoy segura de que podemos pensar en algo”.
“Por qué deseas hacer esto?” La Pequeña Alma no podía comprender por qué un ser de tal perfección deseaba disminuir tanto su vibración, que pudiera en realidad hacer algo “malo”.

“Simple”, explicó el Alma Amistosa, “lo haré porque te amo. Deseas experimentar a tu Yo Perdonando, ¿no es así? Además, hiciste lo mismo por mí”. “¿Lo hice?”, preguntó la Pequeña Alma.
“Por supuesto. ¿No lo recuerdas? Hemos sido Todo de Eso, tú y yo. Hemos sido el Arriba y el Abajo y la Izquierda y la Derecha. Hemos sido el Aquí y el Allí y el Ahora y el Entonces. Hemos sido lo Grande y lo Pequeño, el Hombre y la Mujer, el Dios y lo Malo. Todos hemos sido el Todo de Eso.
Lo hicimos por acuerdo, para que cada una de nosotras pudiera experimentarse a sí misma como La Parte Suprema de Dios, porque comprendimos que...
“En la ausencia de eso que No eres, Eso Que Eres NO es.”
“En ausencia del "frío" no puedes sentir "calor". En ausencia de la "tristeza", no puedes estar "feliz"; sin eso que llaman "mal", la experiencia que llaman "bien" no puede existir.
“Si eliges ser una cosa, algo o alguien opuesto a eso tiene que mostrarse en algún lugar de tú universo para hacer eso posible”.

El Alma Amistosa explicó entonces que esas personas son ángeles Especiales de Dios y esas condiciones son Regalos de Dios.

“Sólo pediré una cosa a cambio”, dijo el Alma Amistosa.

“¡Cualquier cosa! Cualquier cosa”, respondió la Pequeña Alma. Estaba entusiasmada al saber que podría experimentar cada Aspecto Divino de Dios. Entonces comprendió el Plan.

“En el momento en que yo te golpee y te aniquile”, dijo el Alma Amistosa, “en el momento en que yo te haga lo peor que puedas imaginar, en ese mismo momento... recuerda Quién Soy Realmente”.

“¡Oh, no lo olvidaré!”, prometió la Pequeña Alma. “Te veré en la perfección en la que tengo ahora y recordaré siempre Quién Eres”.

La parábola de la Pequeña Alma y el Sol. Extraído del libro “Conversaciones con Dios 3” de Neale Donald Walsch

Lo que transcribo a continuación lo escribí en enero del 2013. Ha pasado mucha agua bajo el puente y mi crecimiento espiritual ha sido maravilloso. Os dejo estas reflexiones que, tal vez, os puedan ayudar a re-pensar el tema del perdón.

Hoy, en una conversación, recordé ésta parábola tan hermosa y comencé a pensar, luego de acabar con la charla telefónica, en lo que significa perdonar, ya no al modo en el que nos han enseñado de pequeños, modo religioso por lo general, sino en el perdón en el contexto del anterior relato.

Si pensamos que, como la Pequeña Alma, todos hemos hecho contratos, acuerdos con otras almas para que nos ayuden a experimentar aquellas cosas que deseamos, aquellos atributos que queremos incorporar a nuestra experiencia humana, desde esa visión…no hay culpa, no hay herida, no hay daño…solo hay un profundo y maravilloso aprendizaje. Con lo cual el perdón es un logro, un avance en nuestro camino hacia el reencuentro con nuestra verdadera esencia.
Todo forma parte de un plan que se ejecuta sin error ninguno.

Últimamente me he visto enfrentada al aprendizaje del perdón, hacia otros y hacia mi misma.
Me planteé más de una vez está cuestión: Si yo elijo lo que quiero experimentar, si yo decido qué y con quien vivir esas experiencias ¿acaso puedo culpar a alguien si las cosas salen, en apariencia, mal?

En mi vida he tomado muchas decisiones, algunas mas afortunadas que otras, algunas con final feliz y otras…bueno, otras con resultados muy diferentes a los esperados.
Pero siempre he sido yo la que he decidido sobre mi vida. Es mentira que alguien más pueda decidir por mí. Sé que algunos de ustedes pensaran que hay casos extremos en los cuales no tenemos elección, y podrían mencionar casos en los que las personas se vean privados de sus libertades más elementales, pero aún allí, en esas situaciones siempre hay elección. Quizás no podamos salir corriendo del escondite donde nos tienen secuestrados, por ejemplo,  pero sí podemos elegir qué actitud mental y emocional adoptar ante esa situación.

Nadie puede crear nuestra experiencia de nada.

Otros seres pueden (y lo hacen) cocrear las circunstancias externas y los eventos de la vida que viven en común, pero algo que nadie más puede hacer es obligarte a tener una experiencia de NADA que no elijas experimentar.
En esto, eres un ser Supremo. Nadie, NADIE puede decirte “como ser”.
El mundo puede presentarte circunstancias, pero sólo tú decides lo que significan esas circunstancias.(1)

Si hay contratos previos entre almas antes de venir a la tierra, que aseguran que completemos nuestra experiencia de lo que elegimos aprender ¿acaso no sería más coherente agradecer a aquellas personas, que mediante hechos que nos dañan en apariencia y solo a nivel del ego, por su valiente participación en nuestro aprendizaje actuando el papel del malo/mala de la peli?  

Yo sé que para muchas personas esto puede sonar un poco extraño, pero a mí me resulta cada vez más claro. Si a través de un suceso penoso uno es capaz de aprender, desde lo más profundo de nuestro ser aún con la tristeza y la pena más honda inundandonos, ese aspecto de la totalidad, las personas que lo han precipitado: ¿No serían acaso dignas de admiración por haber hecho tan bien su papel?

Quizás sea el momento de renovar la mirada hacia los sucesos de nuestra vida, de revalorizar las experiencias, de captar el meta mensaje detrás de los acontecimientos que no nos producen felicidad inmediata. Tal vez, en esos sucesos, se encuentren las claves de transformarnos cada día en seres más cercanos a nuestra auténtica esencia. Tal vez de esa manera, apartando al ego de su control sobre nuestras acciones, podamos poco a poco ir despejando el camino de nuestra vida de odios, rencores, venganzas y demás emociones totalmente toxicas.

Y así, sabiendo que no hay víctimas ni victimarios, que todo es un juego en el que nuestra propia esencia puso las reglas, podamos al fin vivir de forma plena y en paz.

Y entonces, cuando volvamos a la fuente de donde salimos un día, podamos decir con auténtica felicidad: Wow! qué fantástico viaje! ¿Repetimos?

Con Amor y Luz
Claudia Martinez Pardo

(1) Pag. 151 Conversaciones con Dios 3

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