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domingo, 22 de marzo de 2015
Ayúdate y te ayudaré
Hola amigos!
Hoy me desperté pensando en el tema de en qué consiste ayudar a los demás.
Muchas veces se habrán encontrado en la tesitura de estar frente a alguien, un amigo, un familiar ó su propia pareja, que está pasando por un mal momento o alguna dificultad que no le deja estar tranquilo y relajado.
En esos momentos, más que seguro, que se habrán preguntado ¿Cómo puedo ayudarle? ¿Qué puedo decir o hacer que lo haga sentir mejor?
Como terapeuta me enfrento a ese dilema casi a diario, no solo con mis clientes sino con mi gente mas cercana.
Para saber si podemos ayudar a alguien lo primero que tenemos que hacer es distinguir entre dos grupos básicos de personas:
A) Los que sólo quieren quejarse y sentirse desgraciados.
B) Los que quieren ser ayudados
Comencemos por el primer grupo
Los que sólo quieren quejarse
Ante todo que quede claro que todo, en algún momento de nuestra vida o de nuestro día, nos quejamos de algo. La queja es un mecanismo primario de rebelión que utiliza nuestro niño interior cuando algo no sale como le gusta. Pero en éste apartado hablo de la gente adicta a la queja.
No son fáciles de reconocer a simple vista pues saben como camuflarse perfectamente entre un sin fin de explicaciones lógicas y argumentos convincentes que despliegan ante ti con una apabullante verborragia. Hace falta tiempo y unos cuantos encuentros con esas personas para poder reconocerlas.
Son aquellas que siempre tienen un problema rondándoles y suele ser muy pero que muy grave (el problema, claro).
En ocasiones es un mismo problema que se eterniza y al cual aún no le han puesto remedio (pero sí toda su atención y ahínco). Otras veces el abanico de problemas es colorido: pueden ser problemas de salud, de relaciones, laborales, económicos, o todos ellos juntos.
Las personas de este grupo no quieren que les ayudes a solucionar nada, solamente buscan tu atención (y la de todo aquel que se cruce en su camino). Para ellos, las situaciones problemáticas tienen la ganancia intrínseca de sentirse valorados (aunque sea a la baja). Suelen ser personas con una autoestima bastante baja, la que buscan potenciar mediante la queja que suele ser del tipo "¿Cómo me puede pasar todo esto a mi?" dejando en el aire la coletilla "con lo buena persona que soy". Buscan apoyos en situaciones de conflicto para quedar como las victimas de otro, alguien malvado y sin escrúpulos, y normalmente el problema en sí les tiene sin cuidado y hasta muchas veces (no digo siempre, por favor) no suelen ser problemas reales.
Puedes desplegar con ellas todo tu manual de supervivencia ante conflictos, tu enciclopedia de las mil soluciones para mil problemas, puedes escucharles y regalarles estrategias que te han funcionado a ti, a tu tía y a tu vecina y normalmente te escucharán y luego te dirán que están muy bien tus consejos aunque siempre antepondrán un "pero" para no llevarlos a cabo y cuando la vuelvas a encontrar (no importa el tiempo que pase), seguirán con su misma situación (u otra parecida) y sus mismas quejas.
Créeme esas personas no quieren tu ayuda solo quieren tu energía vital o dejar su "basura emocional" en tu puerta y siempre tendrán "un problema para cada solución".
¿Cómo actuar ante este tipo de personas?
Si le tienes en alta estima y hay entre vosotros suficiente confianza puedes recomendarle que busque un buen terapeuta (de lo contrario y si sigues escuchando sus quejar lo mas seguro es que luego lo necesites tu). Tienes que aclararle que tu no puedes seguir escuchando sus "problemas" pues no estas en condiciones de ofrecerle ayuda cualificada y te preocupa su bienestar (y el tuyo también).
Si no tienes confianza con esa persona y tienes que tratarla por cuestiones de parentesco, vecindad o trabajo, tienes dos opciones:
1) Cuando comienzan con la retahíla de quejas prueba suavemente cambiar de tema a uno que sea mas neutro para luego diluir la conversación de forma educada y cordial.
2) Evita, en la medida de lo posible, dar espacio a estas personas para entablar conversación.
Las personas adictas a la queja suelen ser muy toxicas para su entorno y terminan agotando a todo aquel que la escuche. No se trata de dejarlas en un rincón como si tuvieran la peste, no, Se trata de, en primer lugar, que no te absorban la energía ni te llenen de su basura emocional y en segundo lugar, al no encontrar eco para sus quejas éstas dejaran de ser una herramienta útil para ellos y tal vez, fuera de ese circulo vicioso, puedan plantearse buscar solución a sus conflictos internos.
Y luego están los del grupo dos
Los que quieren ser ayudados
A diferencia del grupo anterior, los que quieren ser ayudados se los reconoce fácilmente.
En primer lugar su actitud ante un problema es la de buscar soluciones. Cuando acuden a ti normalmente lo hacen desde un lugar de integridad, es decir, te cuentan su problemática pero sin dramatizar, sin sentirse víctimas sino que reflexionan contigo acerca del mismo.
Se permiten mostrarse tristes, preocupados y hasta desconsolados, pero no acuden al victimismo.
Normalmente en su discurso incluyen posibles ideas y soluciones que han buscado en su interior.
Es mas una búsqueda de compartir que una búsqueda de dar pena.
En segunda lugar están abiertos a los comentarios, sugerencias o posibles formas de ayuda que tú le puedas ofrecer. Suelen sopesar las alternativas contigo y mostrar agradecimiento al tiempo que le has dedicado.
Es importante aclarar que todos tenemos derecho a tener problemas, o un mal día o sentirnos tristes y en algunos momentos no ver el camino que nos puede conducir a sentirnos mejor y a solucionar aquello que nos preocupa.
De lo que hablo aquí es de la "actitud" y "patrones de conducta" que, de una forma inconsciente, hemos adquirido.
Por eso es importante mirarnos, escucharnos cuando hablamos con otros acerca de nuestra vida y nuestros asuntos, ya que nuestros interlocutores nos brindan ese retorno, ese espejo que nos permite darnos cuenta cual es nuestra actitud ante los problemas.
Y si sucede que nos damos cuenta que estamos instalados en la queja siempre podemos cambiar. Y los mentores emocionales estamos para ayudar en ese cambio.
Cuando se habla de actitud positiva no se habla de negar la realidad, ni de ir por la vida con las gafas color de rosa, se habla de intentar, en todo momento, encontrar una forma de centrarnos en las soluciones, de ver las cosas buenas que tenemos en la vida en vez de enfocarnos en los que nos disgusta y nos aflige.
Espero que éste artículo les haya gustado y les haya sido de utilidad. Si es así, siéntanse libres de compartirlo.
Un abrazo
Claudia Martínez Pardo
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